En los últimos años, la ciberseguridad ha dejado de ser una preocupación exclusiva del departamento de TI para convertirse en un tema estratégico para empresas de todos los sectores. Los ataques de ransomware, las filtraciones de datos, la indisponibilidad de servicios y las interrupciones operativas se han convertido en algo habitual en el mercado, y ahora Brasil podría estar encaminándose hacia un nuevo marco regulatorio.

El borrador de la Ley General de Ciberseguridad, elaborado por el Comité Nacional de Ciberseguridad (CNCiber), refuerza esta iniciativa al proponer directrices nacionales para la gobernanza, la gestión de riesgos y la respuesta ante incidentes. Si bien aún no está en vigor, indica la dirección que el mercado brasileño está comenzando a seguir.

Tal como sucedió con la LGPD (Ley General de Protección de Datos de Brasil), la tendencia apunta a que la seguridad de la información deje de considerarse simplemente una buena práctica y se convierta en parte integral de las responsabilidades estratégicas de las organizaciones. La propuesta aborda temas como la gestión de riesgos, la protección de activos, la autenticación multifactor, la monitorización continua, la continuidad del negocio, la respuesta a incidentes y la comunicación, así como la concienciación de los empleados.

El desafío de la madurez

En muchas organizaciones, la seguridad se sigue gestionando de forma reactiva, sin procesos consolidados, una gobernanza definida ni una planificación continua.

Existe la percepción de que invertir en ciberseguridad es caro, pero el impacto de un incidente suele ser mucho mayor: las interrupciones operativas, las pérdidas financieras, el daño a la reputación, la indisponibilidad del sistema y los riesgos regulatorios pueden comprometer la continuidad del negocio.

Otro punto importante es que los efectos de la legislación futura no deberían limitarse a las grandes empresas. Es probable que se exija a los proveedores y socios comerciales que cuenten con controles de seguridad mínimos, lo que convertirá la madurez en una ventaja competitiva a lo largo de toda la cadena de suministro.

Para las pequeñas y medianas empresas, el riesgo también es real. Muchas operan con equipos reducidos, poca visibilidad de su entorno y recursos limitados, características que los delincuentes suelen aprovechar. En este contexto, la madurez implica equilibrar tecnología, procesos, personas y gobernanza.

Evolucionar en ciberseguridad no significa acumular herramientas.

Muchas organizaciones ya se enfrentan a problemas con soluciones desconectadas, alertas excesivas y baja capacidad operativa. Es necesario centrarse en desarrollar una estrategia capaz de prevenir, detectar y responder a incidentes de manera eficiente.

La cuestión ya no es cuántas herramientas existen en el entorno, sino más bien: ¿ está la empresa preparada para responder cuando se produce un incidente?

Independientemente de la versión final de la Ley General de Ciberseguridad, las amenazas ya son una realidad. Por lo tanto, es el momento de reforzar los procesos, revisar las estrategias y aumentar la resiliencia.

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